Las palabras que siguen no pretenden ser un texto profesional ni ningún tipo de obra literaria, solo son el testimonio de una joven de 22 años abriendo su corazón y conociéndose, una persona dándose por fin el derecho de libre expresión. No busco usar palabras grandiosas, metáforas ni analogías sofisticadas… si usted las encuentra, demos gracias a Dios por esos luzazos de inspiración; yo solo quiero con mi vocabulario sencillo y cotidiano liberar lo que siento y compartir mi testimonio.

¿Por dónde empiezo?

Quizás dando una introducción a mi vida, presentando mis antecedentes…

Soy la hija mayor en una familia conformada por mi hermano Diego, mi hermana Sofía y mi mamá, quien ha sido padre, madre, guía, maestra, amor, ejemplo a seguir y nos ha dado todo lo que necesitamos siempre.

Cuando tenía trece años, un domingo cualquiera, según yo era un domingo cualquiera, en verdad sería un día que marcaría el primer antes y después en mi vida, llegamos tarde a misa y no pudimos sentarnos juntos. Me senté dos bancas adelante, mi madrina y mamá se quedaron atrás. Todo en la iglesia se vivió como siempre. Al salir de ahí y llegar a casa mi mamá me dijo que quería revisarme y fuimos a su habitación, revisó mi espalda y me contó que mi madrina le dijo que tenía saltada una costilla y que necesitábamos saber que era …ahí inició la aventura.

Fuimos la semana siguiente a sacarme unas radiografías, a los días las entregaron y fuimos con un doctor a que nos explicara que sucedía. Andrea Graciela Escobar Cuéllar fue diagnosticada a sus 13 años con escoliosis dorsolumbar, recibió una larga lista de cuidados, prohibiciones y cambio de estilo de vida.

Tuve que dejar de recibir la clase de educación física en el colegio, con lo mucho que me encantaba correr…aunque nunca aprendí a dar vuelta de gato por mucho que lo intenté, ahora entiendo que mi columna nunca fue capaz de permitirme esas volteretas. ¡Andrea, ya no podes llevar todos esos libros y cuadernos en la mochila! ¡Andrea, deja de cargar en brazos a tus primitos! ¡Andrea, no podes jugar basquetbol, ni futbol, ni quemados, ni lleva! ¡Andrea, no podes ir a ese paseo! ¡Andrea, esa actividad te hace daño! ¡Andrea, no uses esa blusa, es muy ajustada y se nota demasiado la deformación en tu columna! ¡Andrea, cuidado! ¡Andrea, no!…

Tantos cambios, tantas prohibiciones, tantos cuidados, tantas noticias impactantes (sucedieron otras cosas fuertes en mi vida en ese año) para una niña de 13 años en plena adolescencia.

Oh, perdón, se me olvidaba explicar que es la escoliosis. Básicamente, es una desviación lateral de la columna vertebral. Existen distintas zonas que pueden desviarse y distintos niveles de desviación. Yo tuve escoliosis dorsolumbar, doble desviación, mi columna era una S.

Mucha gente no sabe que es la escoliosis, tal vez nunca han oído esa palabra en su vida. Quienes lo han oído mencionar piensan que es una enfermedad que solo te afecta estéticamente. Quiero decirles que no es así… la escoliosis afecta tu respiración, pulmones, corazón, dolores de cabeza y de cuello, el caminar, fuertes dolores y la habilidad para hacer varias actividades. No es solo la columna. El dolor emocional causado por la escoliosis puede ser mucho peor que el dolor físico.

Visitas infinitas a doctores, muchos tratamientos sin resultados, masajes quiroprácticos, citas cada sábado para mover mi columna vértebra a vértebra, dormir con pesas en los pies para nivelar mis piernas, usar corsé durante varios años, 12 doctores diferentes, 7 años…

Hasta que llegó mi sanación, el milagro. A los 20 años en una jornada ortopédica, luego de tantos intentos fallidos, me operaron. Dios me sanó. Inició el proceso de recuperación.

Yo pensaba que con esa operación iba a sanar mi columna, podría respirar bien, levantarme de la cama sin dolor, en fin, eliminar esos dolores y problemas físicos. Pero ¡Wow! Dios me sanó el corazón, el alma, la vida. Soy otra. Soy una mujer fuerte, llena de amor, segura de mí misma, más luchadora, más agradecida.

Debo confesar que al principio me sentía vacía y desorientada, quería regresar a viejos hábitos, costumbres y personas que no me hacían bien. Necesité ayuda y agradezco con todo el corazón a esos ángeles que siempre están para mí, guiándome y cuidándome. Gracias mamá, gracias familia, gracias amigos. Gracias videos en youtube, gracias a los libros sobre autoestima, gracias a las personas que comunican tanto y hacen tanto bien a través de internet.

Podemos resumir mi cambio de vida como si un día desperté y pensé:

-¡Andrea, despertá!

Y luego, me autorespondí:

Podemos resumir cierta etapa de mi vida en esa conversación interna, aunque solo es eso, un resumen, en verdad fue un proceso de meses o quizás un par de años.

Ahora, soy una joven de 22 años con una cicatriz de cuello a raya en la espalda dibujada. Dejé de estudiar un año, cambié de carrera universitaria para cuidar mi operación, nos unimos con mi familia de una manera maravillosa, siento mi relación con Dios como si fuera yo la niña de Sus ojos, he conocido y sigo conociendo personas llenas de amor y dignas de toda mi admiración, junto a mi familia fundé mi propia empresa a los 8 meses de operada, sigue andando y con el equipo de éxito que somos estamos creando experiencias únicas llenas de felicidad.

Creo que no hay nada más valioso que el amor propio y la paz interna. Soy feliz. Soy humana común, pero no corriente, tengo columna de titanio y corazón de acero inolvidable.